miércoles, 8 de febrero de 2012
Un día normal.
Estar en clase escuchando la música a tope, para no oír los estúpidos comentarios hipócritas de las personas de tu alrededor, sin importarte demasiado lo que estén diciendo. La canción se acaba, y mientras espero a que empiece la siguiente oigo murmurar palabras tortuosas. Solo necesito un par de palabras para que la oscuridad me trague. Sin pensarlo, subo el volumen de la música, aun que tenga los oídos a punto de estallar. No importa lo que digan, lo que importa es lo que yo pienso. Creen que soy una emo de mierda a la cual nadie querrá nunca, pero el caso es que no soy emo, y han llegado tarde con esa conclusión, pues ya me ha querido alguien con toda su fuerza, ya he sido el centro de la vida de alguien, vida que destrocé por completo. La clase ha acabado, pero mi tormento sigue. Me está esperando en la puerta, como en el final de cada clase. Por qué me sigues? Déjame, no quiero que me sigas, ni que me regales cosas bonitas. Deja de intentar atraparme. Soy un pájaro libre, si decido entrar en alguna jaula será por voluntad propia. El día sigue su curso, empieza la siguiente clase, esta vez no tengo la música para protegerme de ellos. Qué será de mi en esta clase? Cada segundo se me hace eterno, miro el reloj segundo a segundo, esperando que suene el sonido de mi libertad. Por fin sonó, tres y diez, ahora a casa.
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